Hechos e investigaciones
Dermatología pediátrica




Dermatitis atópica y mente


La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria cutánea crónica que se ha convertido en un verdadero problema de salud pública en los países desarrollados por su elevada prevalencia (aproximadamente un 20-30%). Su inicio suele producirse durante la infancia, atenuándose gradualmente con la edad, aunque puede persistir en el adulto e incluso aparecer por primera vez en esta época de la vida.

Dermatitis atópica del lactante.

Existe un amplio espectro en la presentación clínica del eccema atópico, desde mínimas lesiones flexurales hasta eritrodermia. Se caracteriza principalmente por xerosis, prurito y lesiones cutáneas que se subdividen en tres fases: a) vesículas sobre piel eritematosa junto a costras serosas en la fase aguda; b) pápulas y placas eritematosas descamativas y excoriadas en la fase subaguda y c) placas engrosadas hiperqueratósicas y liquenificadas en la fase crónica. Desde el punto de vista clásico, se han utilizado los criterios de Hanifin y Rajka para describirla, aunque posteriormente se han redefinido dichos criterios en otros más sencillos que simplifican el diagnóstico de dermatitis atópica, consistentes en un criterio mayor, la piel pruriginosa, y tres o más de los siguientes: comienzo antes de los 2 años, antecedentes de afectación predominante de flexuras y xerosis cutánea, antecedentes personales de asma o de dermatitis atópica en un familiar de primer grado y eccema flexural visible.

La prevalencia de esta enfermedad se ha incrementado mundialmente en las tres últimas décadas, sugiriéndose como posibles causas el aumento de la industrialización y la polución, y los cambios domésticos (mejoras en el aislamiento de la vivienda, uso de alfombras y moquetas, empleo de materiales sintéticos, etc.) que contribuirían cualitativa y cuantitativamente a una mayor exposición a ciertos antígenos que precipitarían la enfermedad.

Existe una serie de factores que alteran el curso de la enfermedad, pues tienen capacidad para desencadenar un brote. Entre éstos se encuentran los siguientes:

Dermatitis atópica del lactante.

  • Condiciones atmosféricas: frío o calor extremo, polvo o contaminación.
  • Alimentación: determinados alimentos (sobre todo los lácteos) pueden actuar como alérgenos en estos pacientes.
  • Indumentaria: algunos tejidos, especialmente la lana y los tejidos sintéticos, pueden provocar alteraciones de la piel, así como el calzado deportivo y todo aquello que impida una ventilación suficiente de los pies.
  • Productos de higiene o limpieza del hogar y de la ropa: productos y/o fragancias muy intensas son muy agresivos para la piel del individuo atópico.
  • Ejercicio físico: en general, provoca síntomas por el exceso de sudoración que supone. En el caso de la natación, se sobreañade el contacto con el cloro del agua de la piscina o la sal del agua del mar.
  • Animales: tener una mascota en casa (perro o gato) es una fuente de alérgenos.
  • Estrés y ansiedad: son dos factores cada vez más centrales en el mantenimiento de esta entidad, hasta el punto de que algunos autores los consideran como un criterio diagnóstico.

 

Raúl de Lucas Laguna, Uxua Floristán Muruzábal y Marta Feito Rodríguez. Dermatitis atópica y menta. En: Aurora Guerra Tapia, editor. Dermatología psiquiátrica. Volumen 2. Barcelona: Editorial Glosa; 2009. p. 69-80.






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